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Entre Añañucas y Malvas
El Club Social de Vallenar, nos esperaba con un delicioso y reponedor desayuno. Mientras tanto, el grupo se
iba formando. Buses que llegaban a diferentes horarios, dejaban a los pasajeros que iban a formar la
expedición "Desierto Florido Mountain Bike 2005"
Un bus nos trasladó a conocer de cerca las flores que mágicamente pintan el desierto, añañucas, malvas, amancay,
suspiros de campo, patas de guanaco, coronillas de fraile, forman alfombras moradas, fucsias, con toques
de celeste y amarillo, son las encargadas de cubrir un piso árido y uniforme, de un desierto que lo sacan
de la rutina por un corto período.
Es maravilloso constatar el misterio de la naturaleza, nunca nos deja de conmover.
Algunos de nosotros, entre risa y risa, dábamos nuestras explicaciones científicas, de cómo era posible
que germinaran éstas diferentes especies, de dónde venían las semillas o bulbos, pero finalmente nos
quedamos conformes sólo con el goce de nuestra visión.
Comenzó el pedaleo. Bicicletas a punto, cascos firmes, caramayolas llenas, instrucciones claras y precisas. El
grupo se convierte en una larga serpiente, por momentos se separa en pequeños trozos, existen diferentes
niveles de experiencia, pero no importa, siempre está el apoyo para los que no son capaces de ir a la
cabeza del reptil.
El cielo sí existe en la tierra, fue lo que sentimos al llegar al campamento, después de un trayecto de casi 40 Km.
El lugar que nos esperaba a orillas del mar, era una gloria, las carpas estratégicamente muy bien
dispuestas. Luego de un descanso merecido, nos esperaban en el sector de las comidas (ingeniosamente no
le faltaba detalle) con un aperitivo, para continuar con un asado de primera categoría, finalizando con
un clásico y delicioso postre: Duraznos con crema. Todo esto aderezado con risas, anécdotas, fotos y en
especial, conocer relajadamente a los que estábamos compartiendo ésta aventura.
El desayuno lo tomamos con mucho ánimo, a la expectativa de lo que nos depararía el día. No sabíamos el
itinerario, eso le sumaba a nuestro entusiasmo unas gotas de misterio.
Pedaleamos el trayecto final de ayer y entramos al caserío "Carrizal Bajo", donde se compró pescado para
la noche y otros aprovecharon de sacarse fotos en el muelle, inmortalizando nuestro buen humor.
Retomamos el camino, era arenoso y pedregoso, lo que nos obligó a llevar por muchos momentos la bicicleta
a un costado. Este sendero nos llevó a una playa tímida y escondida, parecía que se había ocultado porque
no tenía arena que ofrecer, sólo grandes piedras que le agregaban dificultad para entrar en ella.
Regresamos al campamento, después de un día de caminos irregulares, pero con el orgullo y la satisfacción que
hicimos un gran trayecto.
XV
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